Este es el mundo en el cual vivimos, y donde la metafísica a la cual muchos se agarran como a un madero en medio del océano, es muy difícil de practicar. No obstante, muchos se enriquecen y viven de esa metafísica, y tú les pagas para soñar que podrías ser libre como te dicen, por miedo a que en un momento te cambie la vida.
lunes 21 de septiembre de 2009
¿Libertad de qué?
Este es el mundo en el cual vivimos, y donde la metafísica a la cual muchos se agarran como a un madero en medio del océano, es muy difícil de practicar. No obstante, muchos se enriquecen y viven de esa metafísica, y tú les pagas para soñar que podrías ser libre como te dicen, por miedo a que en un momento te cambie la vida.
lunes 7 de septiembre de 2009
2009: El año del pánico
2009 es el año del pánico.
Comenzamos por el pánico económico que no se ha ido pero al cual nos vamos acostumbrando. Pagamos el doble o triple por la comida, y aunque la gasolina ha bajado a $2.55 el galón, aún está alta para los que no ganan mucho. En cuanto al trabajo donde vivo, rompen calles y esquinas y la tienen a una que no sabe donde aparcar el automóvil, pues el estacionamiento que ya era un problema al tener este juego de rompe-calles se vuelve una confusión. Todo para justificar el dinero que ha dado el gobierno para arreglar las calles y crear nuevos trabajos. ¿Trabajos dije? Sí, los constructores de calles ahora tienen trabajo y ciertos negocios con grúas, a los cuales no creo que les afectara tanto la economía decadente.
Después vino el pánico de la fiebre porcina o el H1N1. Ese no se va por buen tiempo, menos ahora que llega la estación favorita de los virus y catarros, el cambio de tiempo entre otoño e invierno. Por doquier anda la gente tosiendo o estornudando, no sabe una donde meterse para que no te tosan encima. En supermercados, librerías y hasta en la calle. Cualquier virus que nos dé, arrancamos para emergencias porque con el cuento de que te mata en 48 horas, ya una no sabe que creer ni hacer. Y ahí siguen subiendo las deudas con las cuentas de hospitales y médicos.
La confusión de lo desconocido y la desinformación. El pánico a lo que no se puede controlar.
En los trabajos los jefes se han vuelto más crueles y autosuficientes como suele ocurrir cuando tienen gente de más para trabajarles por cualquier dinero.
El alquiler sube, los fumadores no dejan de fumar e inundar tu apartamento con su veneno, y protestan porque el ruido de tu purificador de aire no los deja dormir en el sopor de la nicotina de su cuarto.
Si viajas a otro estado del país ves que la cosa está peor y la yerba del otro lado no tiene nada de verde. Porque uno de los síntomas del pánico es el querer huir de todo y todos los que te rodean, para ir donde haya un poco de paz.
Nos hemos dejado quitar la paz.
Nada, que empezamos la década del 2000 con el terrorismo, y el terror parece seguirnos los pasos disfrazado de epidemias y problemas que han emanado del mismo 9-11. Al fin y al cabo la mejor manera de controlar una población es cuando está atemorizada. Porque eso sí, veo que hay muchos que se están llenando de dinero los bolsillos con el pánico.
Promesas, discursos, análisis por todas partes del mundo. Pero esto no mejora.
Me pregunto que nos traerá el año 2010.
Comenzamos por el pánico económico que no se ha ido pero al cual nos vamos acostumbrando. Pagamos el doble o triple por la comida, y aunque la gasolina ha bajado a $2.55 el galón, aún está alta para los que no ganan mucho. En cuanto al trabajo donde vivo, rompen calles y esquinas y la tienen a una que no sabe donde aparcar el automóvil, pues el estacionamiento que ya era un problema al tener este juego de rompe-calles se vuelve una confusión. Todo para justificar el dinero que ha dado el gobierno para arreglar las calles y crear nuevos trabajos. ¿Trabajos dije? Sí, los constructores de calles ahora tienen trabajo y ciertos negocios con grúas, a los cuales no creo que les afectara tanto la economía decadente.
Después vino el pánico de la fiebre porcina o el H1N1. Ese no se va por buen tiempo, menos ahora que llega la estación favorita de los virus y catarros, el cambio de tiempo entre otoño e invierno. Por doquier anda la gente tosiendo o estornudando, no sabe una donde meterse para que no te tosan encima. En supermercados, librerías y hasta en la calle. Cualquier virus que nos dé, arrancamos para emergencias porque con el cuento de que te mata en 48 horas, ya una no sabe que creer ni hacer. Y ahí siguen subiendo las deudas con las cuentas de hospitales y médicos.
La confusión de lo desconocido y la desinformación. El pánico a lo que no se puede controlar.
En los trabajos los jefes se han vuelto más crueles y autosuficientes como suele ocurrir cuando tienen gente de más para trabajarles por cualquier dinero.
El alquiler sube, los fumadores no dejan de fumar e inundar tu apartamento con su veneno, y protestan porque el ruido de tu purificador de aire no los deja dormir en el sopor de la nicotina de su cuarto.
Si viajas a otro estado del país ves que la cosa está peor y la yerba del otro lado no tiene nada de verde. Porque uno de los síntomas del pánico es el querer huir de todo y todos los que te rodean, para ir donde haya un poco de paz.
Nos hemos dejado quitar la paz.
Nada, que empezamos la década del 2000 con el terrorismo, y el terror parece seguirnos los pasos disfrazado de epidemias y problemas que han emanado del mismo 9-11. Al fin y al cabo la mejor manera de controlar una población es cuando está atemorizada. Porque eso sí, veo que hay muchos que se están llenando de dinero los bolsillos con el pánico.
Promesas, discursos, análisis por todas partes del mundo. Pero esto no mejora.
Me pregunto que nos traerá el año 2010.
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