Hay una canción de Charles Aznavour, cuya letra plantea cómo decir adiós al terminar el amor. Siempre la recordaba cuando tenía que decir adiós a alguien, sobre todo queriendo, como suele ocurrir muchas veces. Estoy de acuerdo con la canción en que lo esencial es decir adiós con dignidad. Esto es aplicable para todos los adioses en la vida, porque como alguien me dijo una vez, “vivir es decir constantemente adiós a todo lo que amamos”.
En estos días de angustias económicas, que se viven en Estados Unidos, muchos han tenido que decirle adiós a sus trabajos. Recordé la canción de Aznavour, porque hoy leyendo un periodiquito semanal en español que tiraban gratis en la puerta de mi edificio, dicen adiós a todos, el director y su asistente o reportero. El adiós del director estaba tan subrayado de amargura y desencanto, que dedicó su página a recordar todos los chismes de cuanto le habían hecho o dicho en los años en que se benefició personalmente de su trabajo.(Tengo entendido que muchos fueron los beneficios, entre ellos casa, carro, viajes, comidas que no necesariamente eran de negocios, y le pagaba la empresa de la cual provenía el semanario). El asistente suyo, o reportero dedicó su página a alabar a los dueños del periódico en inglés, que había creado y mantenido al semanario, teniendo en medio de tanta reverencia, un gesto amable para la primera persona que trabajó como directora, y fue despedida. Lo cual es encomiable.
Hoy, por otra parte se anunciaba el cierre de una escuela privada muy querida por la comunidad. Algunos padres o trabajadores de ese lugar, llamaron, amenazaron, insultaron y… bueno no quieren decir adiós.
Hace años cuando ocurrió la ejecución de cierto comandante y su grupo de colaboradores, algunos de ellos se arrodillaron a llorar frente al pelotón de fusilamiento, mientras él pidió que le quitaran la venda de los ojos para morir con dignidad y sin miedo.
Se sabe que el mundo está lleno de injusticias; y todo puede cambiar en un segundo, sea por capricho de alguien, por ley natural, o por situaciones reales de cambios necesarios. También debemos reconocer que estamos apegados a todo, a la casa, al trabajo, a la pareja, (quien la tenga), a la familia… Nuestro colmo es que nos apegamos hasta a una computadora, cuando se nos rompe nos ponemos ansiosos si no podemos reemplazarla inmediatamente. Ese sentimiento de apego, es el que nos hace sufrir cuando perdemos esas cosas, o esos seres, a los que estamos tan unidos, que pensamos que no podemos ser nosotros mismos sin ellos.
Muy a menudo se nos olvida que vinimos desnudos y sin nada material a este mundo, y que así nos iremos. Como se nos recuerda el miércoles de ceniza, del polvo vinimos y al polvo volveremos.
En estos días de angustias económicas, que se viven en Estados Unidos, muchos han tenido que decirle adiós a sus trabajos. Recordé la canción de Aznavour, porque hoy leyendo un periodiquito semanal en español que tiraban gratis en la puerta de mi edificio, dicen adiós a todos, el director y su asistente o reportero. El adiós del director estaba tan subrayado de amargura y desencanto, que dedicó su página a recordar todos los chismes de cuanto le habían hecho o dicho en los años en que se benefició personalmente de su trabajo.(Tengo entendido que muchos fueron los beneficios, entre ellos casa, carro, viajes, comidas que no necesariamente eran de negocios, y le pagaba la empresa de la cual provenía el semanario). El asistente suyo, o reportero dedicó su página a alabar a los dueños del periódico en inglés, que había creado y mantenido al semanario, teniendo en medio de tanta reverencia, un gesto amable para la primera persona que trabajó como directora, y fue despedida. Lo cual es encomiable.
Hoy, por otra parte se anunciaba el cierre de una escuela privada muy querida por la comunidad. Algunos padres o trabajadores de ese lugar, llamaron, amenazaron, insultaron y… bueno no quieren decir adiós.
Hace años cuando ocurrió la ejecución de cierto comandante y su grupo de colaboradores, algunos de ellos se arrodillaron a llorar frente al pelotón de fusilamiento, mientras él pidió que le quitaran la venda de los ojos para morir con dignidad y sin miedo.
Se sabe que el mundo está lleno de injusticias; y todo puede cambiar en un segundo, sea por capricho de alguien, por ley natural, o por situaciones reales de cambios necesarios. También debemos reconocer que estamos apegados a todo, a la casa, al trabajo, a la pareja, (quien la tenga), a la familia… Nuestro colmo es que nos apegamos hasta a una computadora, cuando se nos rompe nos ponemos ansiosos si no podemos reemplazarla inmediatamente. Ese sentimiento de apego, es el que nos hace sufrir cuando perdemos esas cosas, o esos seres, a los que estamos tan unidos, que pensamos que no podemos ser nosotros mismos sin ellos.
Muy a menudo se nos olvida que vinimos desnudos y sin nada material a este mundo, y que así nos iremos. Como se nos recuerda el miércoles de ceniza, del polvo vinimos y al polvo volveremos.







