miércoles 14 de octubre de 2009

El tiempo de crear y soñar


La expresión bíblica de que hay un tiempo para todo me trae a la memoria la anécdota de una niña de 8 años que vio una acuarela en una vidriera de una tienda y quiso tenerla. Como la niña tenía más hermanos y sus padres eran pobres no se la compraron inmediatamente, sino que tuvo que llorar dos días, hasta que consiguió su acuarela de 6 colores. Este fue su tesoro mejor cuidado durante toda la niñez, porque la usaba muy poco para conservarla.
De adolescente trató de entrar en la escuela de arte nacional de su país pero como nunca pudo pasar la prueba de escultura, porque nada sabía de eso, desaprobó el examen y frustrada abandonó el sueño. Unos años más tarde conoció a un profesor de esa escuela, con el cual tuvo un romance y éste le dijo que él podía entrarla en esa escuela, ya que era un asunto de conocer a alguien allí. Ella no aceptó porque tenía planes de irse de ese país para poder trabajar, y tener aquellas cosas que nunca pudo, para realizar sus sueños.
Ya en el nuevo país se dedicó a trabajar, y aunque ocasionalmente recordaba su sueño de ser artista al ir a un museo o una exposición de arte, no persiguió ese objetivo más que en las épocas tristes, en las cuales escapaba de la realidad pintando cuadros que luego tiraba a la basura.
En plena madurez de su existencia llegó a la convicción de que el trabajo era solamente el medio para subsistir, y que el arte era un alivio espiritual para la vida. Comenzó a comprar pinturas y pinceles y a tratar de pintar y aprender. Leyó muchos libros. Sacó del baúl plástico los utensilios una y otra vez, y poco hizo. Había perdido la habilidad de soñar, de dejar ir su pensamiento y vivir en ese mundo mágico de colores por el cual había pasado hacía demasiados años.
Su mente no la dejaba crear.
Los intentos de sobrevivir y rescatar la belleza una y otra vez en un mundo de egoísmos, intereses y vanidades, y la frustración y el desencanto le habían destrozado el espíritu creativo.
Su tiempo de crear y soñar había pasado y no se le ocurría qué hacer con tantos colores, pinceles, papeles, y lienzos.